MÉXICO/SAO PAULO, 16 feb (Xinhua) — «Estaba comprando en la tienda cuando alguien me ordenó girarme y me esposó». Con amargura, Carlos, un veterano del Cuerpo de Marines de Estados Unidos y de origen colombiano, relató a CBS News su reciente detención en Georgia y Florida.

«Si tuviera piel blanca, ojos azules y cabello rubio, esto jamás me ocurriría a mí», afirmó el ciudadano estadounidense, quien ahora lleva consigo una copia de su acta de nacimiento como escudo ante los controles arbitrarios.

Estados Unidos, un país forjado por la migración, siempre ha reconocido la indispensable contribución de los inmigrantes a su desarrollo y prosperidad.

Pero mientras los inmigrantes cubren trabajos de alto riesgo, que los locales rechazan, la actual retórica política los convierte en chivos expiatorios

Bajo la nueva Administración de Donald Trump, que llegó al poder el pasado 20 de enero, las redadas se han intensificado, alcanzando incluso a ciudadanos estadounidenses con ascendencia latinoamericana como Carlos, quienes son objeto de sospecha sistemática debido a su color de piel.

A finales de enero, en Milwaukee, Wisconsin, agentes de inmigración escucharon a dos mujeres conversar en español en un gran almacén y, sin dudarlo, las arrestaron junto con un niño menor de tres años de edad. Fueron llevadas a un centro de detención y cuando se les permitió defender su caso e identificarse en inglés como ciudadanas estadounidenses, la única respuesta que recibieron fue un frío «lo sentimos».

Jaime Valdés, migrante colombiano de unos 50 años, no tuvo tanta suerte. En una entrevista con el periódico El País, describió su calvario en centros de detención en California, donde lo mantuvieron con grilletes en manos, pies y cintura, cadenas que «como serpientes» que le oprimían el torso.

Durante el vuelo de repatriación, Valdés viajaba esposado, con las manos sujetas y la cabeza entre las piernas. Las turbulencias constantes y los grilletes apretados le provocaron mareos y náuseas. No fue hasta su traslado a un aeropuerto, donde abordaría un avión facilitado por el Gobierno colombiano, que se le permitió liberarse de las ataduras que había llevado durante 12 días
La ministra de Derechos Humanos de Honduras, Angélica Álvarez, condenó la estigmatización de los migrantes hondureños y de otras nacionalidades como delincuentes, señalando que solo una fracción mínima de los deportados tiene antecedentes penales.

Mientras, César Ríos, director ejecutivo de la Asociación Agenda Migrante El Salvador, advirtió que «estamos viendo deportaciones de personas que han vivido en EE. UU. durante mucho tiempo, lo que no se compara con lo que están deportando desde la frontera», al tiempo que alertó sobre el creciente temor en la comunidad migrante, lo cual genera «autodeportaciones».

Para Vladimir Clavijo, colombiano de 28 años deportado a México tras casi tres años en Estados Unidos, su «sueño americano» se ha hecho añicos.

«Hicieron una especie de redada por todas las calles. Empezaron, le digo yo, como una cacería de brujas. Ni siquiera preguntaban, simplemente con la cara ya asumían que uno era inmigrante», relató Clavijo a Xinhua.

«Más que un sueño, viví una pesadilla», confesó