J.C. Malone
Andamos como un perro que se persigue la cola. Dando vueltas en círculos sin llegar a ningún lugar. Cada año tenemos un déficit de aulas, cada año hay reparaciones pendientes, cada año reciben el presupuesto, y cada año desciende más la calidad de la enseñanza.
Si revisamos los periódicos de cada año en esta misma fecha, los problemas son similares a los del año anterior. Estamos ganando la carrera al fondo de la ineficiencia.
Y la ineficiencia gubernamental tiene una o dos explicaciones, descarto la “ineficiencia” pura y simple, orgánica. Creo que esta “ineficiencia” es una política de Estado planificada, ejecutada.
Nuestro gobierno cambió mucho en los últimos años, empezó con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y esos cambios fueron “eficientizados” por el actual gobierno del “cambio”.
El PLD comenzó el gobierno mediático que le puso precio a la opinión, no debían hacer nada, solo necesitaban “buenos titulares, buena prensa”. Ahora, el “cambio” convirtió una nación depauperada, en un “paraíso terrenal”, nada mejoró, excepto que aumentó el precio de la opinión, aniquilando toda disensión.
Los únicos que denuncian son los educadores de la oposición, los del PLD, que dilapidaron miles de millones sin presentar logros, ahora critican los “errores” del gobierno.
Es la misma historia.
Los gobiernos llegan y saquean el erario, “legalmente”, porque no tocan dinero de los “contratistas tradicionales”.
Para resolver el problema de la educación, debemos legislar para obligar a los funcionarios a enviar a sus hijos a las escuelas y hospitales públicos. Así mejorarán los servicios de educación y salud.
Eso nunca ocurrirá, ningún legislador lo aprobará, ellos no se obligarán a cumplir con sus deberes.
Sin cambios fundamentales, nada cambiará. Faltan muchísimos años de “ineficiencia planificada”, para beneficiar a los funcionarios. Hay una forma sencilla de comprobarlo. Si ciertamente son “ineficientes”, ¿por qué el presidente no los despide? Porque no es ineficiencia, sino un modelo de políticas públicas rentable.
Los funcionarios entran pobres, no resuelven nada, administran miles de millones, y salen multimillonarios; su “ineficiencia” es bastante lucrativa.



