Está circulando en las redes un artículo acerca de la Revolución de Abril, sin firma responsable, pero con el sello de “Texto UASD”. Algo, por decir lo menos, extraño, porque los autores de trabajos académicos suelen colocar sus nombres, y más aún si provienen de una institución como la universidad.
Llama poderosamente la atención el siguiente párrafo:
“Bosch y Balaguer organizaron una conspiración cívico-militar, en la cual militares jóvenes y de baja graduación, vinculados al Partido Revolucionario Dominicano, pero con una conciencia democrática y constitucionalista, se unieron con militares trujillistas-balagueristas, como el llamado Clan de San Cristóbal, encabezado por Ney Nivar Seijas y que respondía al liderazgo del Dr. Balaguer”.
(Texto UASD)
Al parecer, el autor anónimo ha confundido procesos distintos, probablemente mezclando ese planteamiento con el Pacto de Río Piedras entre el PRD y el PRSC. A esto se suma la confusión posterior en torno a las siglas partidarias vinculadas al doctor Joaquín Balaguer tras los doce años de gobierno.
Aquel acuerdo respondía a una lógica política específica, pero no puede extrapolarse mecánicamente como prueba de una conspiración conjunta, ni mucho menos como base de una acción militar coordinada en el terreno.
En ese artículo se le atribuye a Balaguer un protagonismo como actor y coautor de la gesta constitucionalista, lo cual distorsiona el proceso histórico. El llamado Clan de San Cristóbal no perseguía los mismos objetivos que Juan Bosch y Rafael Tomás Fernández Domínguez, aunque en determinados momentos pudieran coincidir en algún punto.
Bosch no conspiró con Balaguer; su vínculo político y conspirativo fue con Fernández Domínguez y sus compañeros del grupo Enriquillo.
Ese tipo de formulación no es inocente: reordena el sentido político de los hechos y diluye responsabilidades históricas.
La afirmación de que Bosch y Balaguer organizaron conjuntamente una “conspiración cívico-militar” no solo es imprecisa, sino que introduce una distorsión grave del proceso histórico, al sugerir una convergencia estratégica que no existió en los términos planteados.
Con ese argumento se sobredimensiona el papel de Balaguer, colocándolo como coactor de la gesta constitucionalista, lo que en la práctica desplaza el eje real del movimiento: la restitución del orden democrático encabezado por Bosch y defendido por militares como Francisco Alberto Caamaño Deñó y Rafael Tomás Fernández Domínguez, junto a numerosos oficiales y combatientes comprometidos con la constitucionalidad.
El llamado Clan de San Cristóbal, vinculado a Ney Nivar Seijas, no respondía a los mismos objetivos políticos que el núcleo constitucionalista. Aunque en determinados momentos coincidieran en acciones puntuales contra un enemigo común, sus motivaciones, lealtades y proyecto de poder eran distintos. Equipararlos bajo una misma “conspiración” es desconocer esas diferencias y simplificar, de manera interesada, la complejidad del proceso.
En el fondo, este tipo de narrativa busca instalar una idea recurrente: diluir el carácter democrático y constitucional del movimiento de abril y, al mismo tiempo, redistribuir protagonismos para relativizar el papel de Bosch. Es una forma más de la conocida “cantaleta” que intenta desdibujar su liderazgo histórico.
La historia, sin embargo, es más clara: no hubo una conspiración homogénea, sino la confluencia —a veces contradictoria— de distintos sectores, donde el proyecto constitucionalista tenía un objetivo definido que no puede ser confundido con otras agendas.
FS

