Por Alfonso Benoit
Durante años, el Metro de Santo Domingo consiguió algo que pocas instituciones públicas dominicanas logran mantener durante mucho tiempo: la confianza cotidiana de sus usuarios.
Había averías, naturalmente. Ningún sistema ferroviario está libre de problemas técnicos.
Pero para miles de ciudadanos el Metro se convirtió en sinónimo de rapidez, estabilidad y previsibilidad.
En 2026 esa percepción ha comenzado a cambiar.
Las interrupciones, fallas eléctricas, problemas en trenes y retrasos se han convertido en motivo recurrente de quejas entre usuarios que dependen diariamente del sistema para llegar a sus empleos, universidades y hogares.
Para el 16 de septiembre ya se habían contabilizado al menos seis interrupciones del servicio durante el año.
Dos días después, el 18 de septiembre, la Línea 2 volvió a presentar inconvenientes por una avería eléctrica que redujo la frecuencia de los trenes y generó largas esperas.
Cuando los fallos comienzan a repetirse, ya no basta con informar que un equipo técnico está trabajando para resolver la avería del día.
Hay que comenzar a preguntar por qué están ocurriendo.
¿Qué cambió?
Las averías en el Metro de Santo Domingo no comenzaron ahora.
El sistema ha registrado incidentes técnicos en diferentes momentos desde su entrada en funcionamiento.
Lo que llama la atención actualmente es la recurrencia con la que se están produciendo las interrupciones y el impacto directo que tienen sobre miles de pasajeros.
Por eso resulta legítimo preguntar:
¿Qué cambió en el mantenimiento?
¿Se está ejecutando el mismo nivel de mantenimiento preventivo que anteriormente?
¿Los equipos eléctricos y ferroviarios están recibiendo las intervenciones correspondientes?
¿Existen componentes que llegaron al final de su vida útil?
¿Se han realizado todas las inversiones recomendadas por los técnicos?
Las respuestas no deberían quedarse en comunicados de prensa. Deben estar sustentadas en contratos, órdenes de mantenimiento, informes técnicos y ejecución presupuestaria.
Un ahorro de casi RD$500 millones
Hay un dato que merece ser revisado.
En agosto de 2021, la Oficina para el Reordenamiento del Transporte informó que había firmado nuevos contratos para el mantenimiento de las áreas de electrificación y vías férreas del Metro.
La institución anunció entonces que los nuevos contratos representarían un ahorro para el Estado de RD$498,661,524 durante los siguientes tres años, en comparación con los contratos anteriores.
Según informó la propia OPRET, los acuerdos contemplaban mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo tanto para las vías férreas como para el sistema de electrificación.
Ahorrar dinero público es positivo.
Un contrato más económico no significa necesariamente un peor servicio y mucho menos constituye evidencia de que los recursos hayan desaparecido o hayan sido utilizados incorrectamente.
Sería irresponsable afirmarlo sin pruebas.
Pero frente a las averías recurrentes actuales surge una pregunta inevitable:
¿Ese ahorro mantuvo exactamente el mismo nivel y calidad de mantenimiento que tenía anteriormente el sistema?
Esa pregunta solamente puede responderse comparando los contratos anteriores y posteriores, las obligaciones técnicas establecidas, las intervenciones realizadas y los resultados obtenidos.
El mantenimiento que no se ve
Hay una característica particular del mantenimiento ferroviario: cuando funciona correctamente, el ciudadano casi nunca lo nota.
No produce inauguraciones.
No genera grandes ceremonias.
No necesariamente aparece en titulares.
Su resultado consiste precisamente en que nada ocurra.
En sistemas de transporte masivo, esperar a que un componente falle para sustituirlo puede resultar mucho más costoso que mantener un programa permanente de prevención.
Por eso existen mantenimientos preventivos, correctivos y predictivos.
La discusión no debería limitarse a determinar quién repara una avería después de ocurrida.
También debe establecer si existían señales que permitieran anticiparla.
Las autoridades deben explicar
No existe hasta este momento una base seria para afirmar simplemente que las averías actuales son consecuencia directa del ahorro anunciado en 2021.
Establecer esa relación sin documentación técnica sería especular.
Pero precisamente por eso las autoridades responsables del Metro deberían publicar información suficiente para despejar cualquier duda.
¿Cuánto se ha invertido anualmente en mantenimiento desde 2018?
¿Cuáles empresas han tenido bajo su responsabilidad los principales sistemas?
¿Cuál ha sido el nivel de cumplimiento de esos contratos?
¿Cuántos mantenimientos preventivos se programaron y cuántos se realizaron?
¿Cuántos componentes importantes están próximos a completar su vida útil?
¿Las recientes averías guardan relación entre sí o son eventos completamente independientes?
Son preguntas técnicas, no partidarias.
Y cuando un servicio público transporta diariamente a miles de personas, responderlas es una obligación institucional.
No podemos acostumbrarnos
Uno de los mayores riesgos es que los ciudadanos terminen normalizando las fallas.
Que cada interrupción se convierta en otro día de pasajeros varados, estaciones congestionadas y trabajadores llegando tarde.
El Metro de Santo Domingo fue construido para ser precisamente lo contrario: un sistema confiable capaz de ofrecer al ciudadano una alternativa frente al congestionado transporte terrestre de la capital.
Proteger esa confiabilidad debe ser una prioridad.
No se trata de buscar culpables antes de tener evidencia.
Se trata de exigir información.
Si los contratos actuales garantizan el mantenimiento necesario, que se demuestre.
Si existen equipos que necesitan ser sustituidos, que se informe.
Si hacen falta mayores inversiones, que se expliquen.
Y si se cometieron errores en la planificación del mantenimiento, que se reconozcan y se corrijan.
Después de una sucesión de interrupciones que ha comenzado a afectar la confianza de los usuarios, la pregunta ya no puede limitarse a cuándo será reparada la próxima avería.
La pregunta es mucho más importante:
¿Qué pasó con el mantenimiento del Metro de Santo Domingo y qué se está haciendo para garantizar que vuelva a ser el sistema confiable que los ciudadanos conocieron durante años?
Alfonso Benoit
Periodista | Analista político
alfonsobenoit.com





