En política, las elecciones no se explican únicamente por los resultados de un momento, sino por las tendencias que se construyen a lo largo del tiempo. Y si algo muestran con claridad los últimos procesos electorales en la República Dominicana es que Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo no son un proyecto circunstancial, sino una fuerza en crecimiento sostenido que se posiciona con seriedad de cara a las elecciones de mayo de 2028.

En 2020, la Fuerza del Pueblo era una organización política nueva, nacida en medio de una coyuntura compleja. Aun así, logró posicionarse como una opción electoral relevante. Sin embargo, es en 2024 donde ese proyecto da un salto cualitativo y cuantitativo: Leonel Fernández se consolida como el principal líder de la oposición, alcanzando más de 1.2 millones de votos y cerca del 29% del electorado. Este crecimiento no es casual; es el resultado de una estructura política que ha venido fortaleciéndose, ampliando su base social y reconectando con sectores claves del país.

Pero más allá del dato puntual, lo verdaderamente relevante es la tendencia. La Fuerza del Pueblo no retrocede, no se fragmenta, no se diluye: crece. Y en política, cuando una organización crece elección tras elección, se convierte automáticamente en una opción real de poder. Ese es el punto de partida hacia el 2028.

A esto se suma un elemento determinante: la experiencia probada de Leonel Fernández como constructor de mayorías nacionales. No se trata de una figura emergente, sino de un líder que ya ha demostrado su capacidad de articular grandes coaliciones electorales. En 2004 y 2008, bajo otras siglas partidaria, logró superar los dos millones de votos, consolidando triunfos contundentes. Ese antecedente no es menor, porque evidencia que existe un conocimiento político, una estrategia y una capacidad de conexión con el electorado que pueden volver a activarse en un contexto favorable.

De cara al 2028, el escenario presenta condiciones que abren una ventana de oportunidad clara. Históricamente, luego de dos períodos consecutivos de gobierno, se incrementa el desgaste del oficialismo y surge una mayor demanda de alternancia. Este fenómeno reduce significativamente la posibilidad oficialista y coloca a la oposición en una posición aventajada.

En ese contexto, la base electoral alcanzada por la Fuerza del Pueblo en 2024 —más de 1.2 millones de votos— no debe interpretarse como un techo, sino como un punto de partida sólido. El desafío estratégico no es duplicar de manera abrupta, sino continuar una curva de crecimiento que ya está en marcha: sumar nuevos votantes, atraer a los desencantados, reducir la abstención en segmentos favorables y, sobre todo, construir alianzas que amplíen el espectro opositor.

La política contemporánea no se gana únicamente con estructuras partidarias, sino con narrativas que conecten con la realidad de la gente. En ese sentido, temas como el costo de la vida, el acceso a oportunidades, la seguridad ciudadana, la calidad de los servicios públicos y la estabilidad económica serán determinantes en la construcción de una mayoría electoral. Si la Fuerza del Pueblo logra posicionarse como la alternativa creíble frente a esos desafíos, su crecimiento podría acelerarse aún más.

El 2028, por tanto, no debe analizarse como una contienda definida de antemano, sino como un escenario abierto en el que una fuerza política en expansión puede convertirse en mayoría.

@LeonelFernandez y la @FPcomunica llegan a ese momento no desde la improvisación, sino desde una trayectoria ascendente, con liderazgo consolidado y una base electoral significativa.

En política, pocas señales son tan claras como el crecimiento sostenido. Y cuando ese crecimiento se combina con experiencia, estructura y contexto, deja de ser una simple tendencia para convertirse en una posibilidad real de victoria.

Nicolás Calderón

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