Por Humberto Contreras Vidal
La gestión de riesgos está orientada a identificar, evaluar, priorizar y mitigar aquellas amenazas que comprometen la estabilidad, la integridad o la vida misma de las personas. Cuando se habla de gestión de riesgo inmediatamente se piensa en terremotos, huracanes… en la respuesta frente a desastres naturales. Si bien estas acciones son valiosas y necesarias para la preservación de la vida humana, la evidencia estadística nos obliga a preguntarnos ¿estamos enfocando la gestión de riesgos en los problemas que están acabando con la vida en la sociedad dominicana en el día a día?
Las cifras oficiales publicadas por el Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana, así como por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), revelan que aproximadamente 70 de cada 100 dominicanos mueren por Enfermedades No Transmisibles, encabezadas por afecciones cardiovasculares, diabetes mellitus, hipertensión arterial y neoplasias (cánceres).
Dicho de otra forma simple y contundente: de cada 100 dominicanos que fallecen, alrededor de 70 mueren por enfermedades que tienen múltiples causas, pero entre las más importantes están los malos hábitos alimentarios, la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo y el exceso de alcohol. Aunque es una causa modificable, lo que comemos es una de las causas más poderosas asociadas a los fallecimientos de dominicanos.
Esto significa que la cantidad de muertes por infartos, hipertensión, diabetes y accidentes cerebrovasculares supera por mucho a las muertes causadas por accidentes de tránsito, homicidios o delincuencia común.
En los últimos 100 años, la suma de víctimas fatales por eventos sísmicos de gran magnitud registrados en el país, (incluyendo el catastrófico terremoto de 1946 en la costa de Samaná) no alcanza las 3,000 personas. En contraste, cada año decenas de miles de dominicanos mueren por enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y otras afecciones crónicas relacionadas con factores de riesgo prevenibles, entre ellos una alimentación inadecuada.
Desde una perspectiva estrictamente química y médica, el exceso de azúcares refinados y fructosa industrial son desencadenantes de la resistencia a la insulina, esteatosis hepática no alcohólica y diabetes tipo 2. Los ácidos grasos saturados y grasas trans, son promotores de ateroesclerosis, placa endotelial e infartos agudos al miocardio. Las altas concentraciones de sodio incrementa la osmolaridad plasmática y el volumen intravascular, mecanismo directamente vinculado al desarrollo de hipertensión arterial sistémica. El consumo frecuente de carnes procesadas y productos con determinados conservantes derivados de nitritos y nitratos se ha asociado con un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer, especialmente cuando forman parte habitual de una alimentación poco saludable.
Todos los términos técnicos químicos y médicos del párrafo anterior simplemente significan que el dominicano promedio daña su salud cada día con los alimentos que come. Vale regresar a la antigua Grecia y recordar al Padre de la Medicina Hipócrates: “Que la medicina sea tu alimento y que tu alimento sea tu medicina”.
Visto los párrafos anteriores, queda demostrado que la principal amenaza para la salud de la población dominicana no está ocurriendo una vez cada 50 años como un terremoto. Está ocurriendo tres veces al día frente a nuestro plato. Es el consumo continuo de alimentos ultraprocesados, exceso de azúcar, sal, grasas poco saludables y hábitos de vida que deterioran lentamente el organismo.
En consecuencia, es necesario reenfocar la gestión de riesgos en la República Dominicana. No significa abandonar los planes de contingencia ante eventos sísmicos o climáticos. Significa elevar al máximo nivel de prioridad nacional la gestión de riesgo químico-nutricional de la población.
La solución a esta crisis de salud pública implica ajustar de forma estricta los límites máximos permitidos de sodio, azúcares añadidos, grasas hidrogenadas y aditivos sintéticos, así como establecer un etiquetado nutricional frontal claro y obligatorio más completo. Increíblemente, el contenido de azúcar en algunos rones y ciertas bebidas alcohólicas se está incrementando a niveles que pueden afectar a enfermos de diabetes. En la práctica un vaso que se deja sucio en la cocina amanece puede amanecer repleto de hormigas que se acercan en busca de los residuos de azúcares añadidos.
Finalmente se hace un llamado a todos los colegas profesionales de la química, que están vinculados a la industria alimentaria, para que promuevan la formulación de productos comestibles de mayor calidad nutricional para beneficio de la salud pública dominicana.
Se necesita del concurso de funcionarios públicos designados, diputados y senadores que sean conscientes de que la medicina preventiva es más rentable y conveniente para la sociedad dominicana en general.
Las pastillas pueden salvar vidas, pero ninguna pastilla es más poderosa que evitar la enfermedad desde el principio. El mejor infarto es el que nunca ocurre; la mejor diabetes es la que nunca aparece.
El autor es doctor en ciencias químicas y reside en Santiago de los Caballeros. huco71@gmail.com



