Manuel Díaz Aponte
El revés político de Donald Trump y el Partido Republicano se espera que motive transformaciones en sus políticas migratorias y el papel protagónico de los agentes ICE que pertenecen al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
Evidentemente que los votantes estadounidenses emitieron un voto de castigo a la administración Trump ante el alto costo de la vida, los alimentos, combustibles y porque cese la guerra con Irán.
Este conflicto que lleva nueve meses representa una millonada a los contribuyentes estadounidenses que ven como los precios de todo suben sin parar.
Los demócratas obtuvieron el control del Senado y la Cámara de Representantes, lo que podría ser una señal para los comicios presidenciales del 2028.
El ex presidente Barak Obama condenó las tácticas migratorias de Trump indicando que participan agentes federales enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“No recuerdo que nadie hiciera campaña prometiendo enviar a agentes enmascarados a recorrer nuestras calles”, expuso Obama quien defendió la necesidad de mantener una frontera ordenada y segura, pero rechazó que ciudadanos que respetan la ley sean arrestados, detenidos o baleados.
El ex presidente de Estados Unidos participó de encuentros de campaña en Cleveland y Chicago en respaldo a los candidatos demócratas en los comicios intermedios.
La comunidad latina ha sufrido las embestidas de los agentes de ICE en ciudades como Nueva York, Boston, Los Ángeles, Miami y Texas entre otras.
Contrario al trato que reciben otros inmigrantes europeos y asiáticos que viven en Estados Unidos en condiciones de ilegalidad.
¿Cuándo América Latina pasará a convertirse en una región próspera para que sus gentes dejen de emigrar buscando el sueño americano, o también, el sueño europeo?
O, dicho en otras palabras, ¿Por qué la corrupción sigue siendo uno de los principales males de la región impidiendo su estabilidad económica?
Entre riquezas y pobrezas
Desde tiempos coloniales se habla de las inmensas riquezas naturales que posee esta zona del mundo, aunque sus pobladores nunca han disfrutado de ellas. Por el contrario, ha predominado el saqueo, la explotación, exclusión, intervenciones militares, dictaduras, marginalidad social y una todavía frágil democracia que no ha resuelto ningún problema de dimensión general.
Latinoamérica es contraste entre la opulencia y la pobreza, cargada de necesidades de infraestructuras, servicios sanitarios, de desagües, improvisación y un liderazgo empresarial apegado a la protección estatal.
¿Qué cantidad de recursos naturales vírgenes les queda a nuestra América Latina? Es difícil de cuantificar porque no les interesa a las élites políticas y empresariales hacerlo, pero hay una zona que conserva un monumento natural y acuífero de dimensión mundial.
Es la región de la Amazonia que nadie se ha atrevido a atentar contra su existencia por el costo político y social que conlleva, aunque en la época de la dictadura y en democracia hubo varios intentos logrando diezmar millares de plantaciones de arbustos centenarios para transformarlos en madera preciosa de altos costos en el mercado mundial.
Más recientemente, en el gobierno del excapitán del Ejército, Jair Bolsonaro (Mandato desde 2019-2023) hubo depredación de extensas áreas que fue denunciado oportunamente por el entonces líder opositor Luiz Inacio Lula Da Silva, quien posteriormente lo asumió como discursos de campaña y defensa del interés colectivo.
La propuesta de Lula caló en el sentir popular, entre los ambientalistas, ecologistas y sectores preocupados por el destino de una región que genera el 35% del agua dulce en el planeta y el 40% de la capacidad boscosa mundial.
El denominado “pulmón del mundo” es un santuario repleto de animales exóticos, domésticos y salvajes, muchos en extinción, plantaciones diversas, enormes árboles frutales y forestales.
Desde la ventanilla del avión se puede apreciar una magnífica panorámica de la Amazona con sus exuberantes vegetaciones y atractivos naturales digno de una visualización hermosa.
Latinoamérica ha girado hacia la derecha conservadora buscando el reemplazo de una izquierda tradicional que no pudo enfrentar los desafíos de la mayoría de sus habitantes, con la excepción de Brasil, que acaba de elegir por cuarta vez a Luiz Inacio Lula Da Silva, primer líder obrero en gobernar esa nación.
Derechización Latinoamericana
El caso brasileño debe servir como punto de partida para entender la realidad social y económica de un Continente desigual, repleto de riquezas materiales controladas por grupos tradicionales opuestos a las más elementales reivindicaciones laborales.
De no haber sido por las iniciativas de proteger a los núcleos poblacionales más empobrecidos, Brasil que tiene dimensión continental, hubiera caído en las garras de un derechista con mentalidad golpista, que prefirió huir antes que enfrentarse a la justicia.
El comportamiento de Flávio Bolsonaro es típico en aquellos personajes que se creen por encima de todas las instancias de la sociedad, hasta irrespetar inclusive, a quienes votaron por él en las urnas.
La derechización en América Latina aupada por la nueva política exterior del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es protagonizada por empresarios conservadores que ostentan el poder actualmente. Desde Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Panamá, República Dominicana y El Salvador.
Colombia, es dirigida por el ultraderechista Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, que enarbola la política de “mano dura” contra el crimen organizado; México por la izquierdista nacionalista, Claudia Sheinbaum y la República de Uruguay, por el socialdemócrata, Yamandú Orsi.
En Costa Rica, gobierna la derechista populista, Laura Fernández; Honduras, es gobernada por la derechista conservadora, Nasry Asfura y Guatemala, por el centro izquierda reformista, Bernardo Arévalo.
Pragmatismo Político
Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador simbolizan los dos mandatarios más afines a Washington, aunque otros líderes moderados como el presidente dominicano Luis Abinader enarbolan una derecha moderada que apuesta por la estabilidad económica y el pragmatismo político.
La disolución del “socialismo del siglo XXI” y la espectacular extracción del poder del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por tropas élites de Estados Unidos para ser llevado a juicio a Nueva York bajo cargos de corrupción y lavado de activos, reflejan el nuevo cuadro político latinoamericano.
La muerte del expresidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías (58 años), el 5 de marzo de 2013, víctima de cáncer, y tras casi 14 años en el poder, fue un duro golpe a la izquierda de América Latina.
Como también, lo fue el fallecimiento del líder histórico de la Revolución de Cuba, Fidel Castro Ruz (90 años), el 25 de noviembre de 2016, a causa de la enfermedad de Parkinson.
Ante la salida del poder del economista y político ecuatoriano, Rafael Correa (gobernó desde el 15 de enero de 2007 hasta el 24 de mayo de 2017), actualmente en exilio en Bélgica, se produjo otro descabezamiento entre la izquierda de la región. Correa, del movimiento político Revolución Ciudadana, fue condenado en su país a 8 años de prisión por sobornos cuando ejercía la presidencia, pero el expresidente niega esa acusación y la tilda de “persecución política”.
El Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla han perdido la incidencia e influencia que ejercieron por décadas en Latinoamérica.
La salvación ha sido Lula, siempre apegado a su pueblo y que gracias a su firme defensa de los trabajadores y poblaciones marginadas de Brasil ascenderá al Palacio Do Planalto, por cuarta ocasión.
Es el líder socialdemócrata de mayor popularidad actualmente no tan solo entre brasileños sino, además, en aquellos que entienden que el Estado debe proteger a los marginados y ser un ente de equilibrio entre los ricos y pobres en un mundo tan absurdo y desigual.
Artículo de Manuel Díaz Aponte



