Humberto Salazar

En los últimos días ha corrido por todas partes el vocablo «pueblo», y es una palabra mágica que en su nombre se han cometido las peores desgracias de la humanidad, así como también las acciones más perversas, y es que en el nombre del «pueblo» actúan los populistas de izquierdas y derechas a través de la historia.

Pueblo es un término tan complicado que cada uno lo define a su conveniencia, sin embargo, por su alta importancia política podríamos asumir su definición clásica de que son el grupo de personas que habitan una región o país independiente, lo que es una verdad hasta que llegamos al siglo XIX.

Para los marxistas del siglo XIX, el pueblo era y es lo que no tienen nada, esos pobres diablos cuya única posesión es su fuerza de trabajo, esos proletarios que solo tienen sus brazos para trabajar a cambio de un salario que les entrega el dueño del capital, es decir, los pobres.

Entonces para los de pensamiento comunista y socialista, el pueblo son los pobres, los demás no pertenecemos al pueblo, cuando en realidad el pueblo somos todos, blancos y negros, Pobres y ricos, analfabetos y educados; «nosotros, representantes del pueblo», dice el preámbulo de la constitución dominicana.

Solo que el nosotros, deberíamos ser todos, se convierte en el ellos, vosotros o cualquier cosa que divida la sociedad en tipos y categorías, dependiendo de a quienes apoyemos políticamente; es usted del «pueblo» y apoya las causas del «pueblo”, solo si coincide con los «ismos», fascismo y comunismo a partes iguales.

Son gobiernos del «pueblo» el de Cuba, mismo régimen por 67 años; Corea del Norte, 78 años de longevidad, China Popular, 79 años de gobierno de un solo partido y sin elecciones, y otros que son identificables por su discurso agresivo contra occidente y la libertad de sus ciudadanos para escoger quien los gobierno.

Mientras son dictaduras, criticables por someter al «pueblo», todas aquellas construidas bajo las reglas de la democracia, con elecciones cada cierto periodo de tiempo, dónde existe libertad de expresión y de tránsito, es decir, todos aquellos lugares donde la tutela de nuestras vidas las tomamos nosotros mismos y llegamos a la vida con el derecho de asumir las riendas de nuestro propio destino.

Hablamos de «pueblo» para identificar a los pobres, y deben ser excluidos entonces, todos aquellos que no están dispuestos a hipotecar sus ideas y pensamientos para ser asimilados a la manada, esos son los rebeldes sin causa que se niegan a ser parte del «pueblo», vocablo que en realidad es un sofisma construido solo para el discurso y el engaño de quienes verdaderamente deberían ser el «pueblo»

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