Humberto Salazar
Lo que ocurrió en Veron este fin de semana, debería más que llamar la atención, levantar todas las alarmas sobre la invasión silenciosa que estamos sufrieron los dominicanos desde Haití, empujada por la necesidad de mano de obra barata y abundante para llenar los bolsillos de nuestros empresarios.
Veron es Haití, un municipio de la provincia La Altagracia en el extremo este de la isla, muy alejado de la frontera, que alberga una de las comunidades más pobladas de haitianos en la República Dominicana, que es utilizada cómo mano de obra en la construcción de hoteles e infraestructuras que sirven a la zona turística más rica de la región del Caribe.
Pues pareciera que los haitianos de pronto se han despertado dándose cuenta de su fuerza numérica, claro con los ojos puestos en la asistencia a un partido de fútbol contra la selección dominicana que ganaron 4-1, y han dejado de ser mansos para convertirse en ariscos, algo que coincide con su historia.
Siempre hay que recordar que Haití es la primera nación en el mundo que surge de la lucha entre esclavos y amos, donde los blancos franceses se llevaron la peor parte y fueron eliminados en una matanza infernal en 1804, cuando Dessalines ordenó la muerte de todos los blancos en la isla.
Por lo tanto, cómo buenos descendientes de esclavos, los haitianos poseen ese deseo destructivo en sus genes, y lo mostraron en Veron cuando uno de sus ciudadanos murio en un enfrentamiento con agentes de migración que tenían un operativo para identificar y deportar a migrantes ilegales en la zona.
Una turba de haitianos se armó de piedras, palos y hasta galones de gasolina (la piromanía de los haitianos es antológica) con el objetivo de agredir a los policías y quemar el cuartel de las fuerzas del orden.
Claro; disparos, bombas lacrimógenas, palos, piedras, todo lo que caracteriza a Haití, pero en territorio dominicano, es decir, un levantamiento de toda ley por parte de migrantes, la mayoría ilegales.
Ahora piénsenlo, si los haitianos que tenemos en la construcción, en nuestras casas cuidándonos, en nuestras cocinas cocinándonos, motoconchando y hasta en nuestras fuerzas armadas, se ponen de acuerdo, nos matan a todos.



