Humberto Salazar
Yo me pregunto, ¿será que es más fácil desviar la atención hacia el estadio olímpico, un pedacito del país, y evitar que señalemos a todos los traidores, que, por intereses personales y riquezas mal habidas, han llenado nuestros 48 mil kms cuadrados de extranjeros del país vecino?
En algún momento tendremos que reivindicar a Rafael Trujillo y a Joaquín Balaguer, quienes entendieron la gravedad de la invasión en 1937, el gourde corría como moneda hasta Azua, hasta que el “dictador” ordenó empujar a los haitianos a su lado de la isla, y a un muy joven Balaguer le tocó negociar el fin del conflicto con las autoridades del vecino país.
Creen que todos somos idiotas para centrar nuestra atención en un partido de futbol, cuando la realidad es que hemos perdido el país, con una invasión silenciosa permitida por los que han detentado el poder los últimos 28 años.
Esa es la verdad, ¿y que me importan 3 puertas de un estadio, cuando han entregado la patria que fundó Duarte en 1844 nuestros enemigos naturales que son los haitianos?
Con sus idioteces a otro lado, háblenme de lo real, lo del partido de fútbol es solo una muestra del futuro, había más haitianos que dominicanos, no solo porque ellos son fanáticos de ese deporte, sino porque en poco tiempo serán la mayoría en ambos lados de la isla y adiós a la Republica Dominicana.
¿Quién tomará en serio la invasión haitiana?
Hasta ahora solo se escuchan ruidos y nada de acciones, tienen los escrúpulos de María Gargajos, aquella mujer súper limpia pero que escupía la sartén antes de freír los huevos para saber si el aceite estaba caliente.
Se “preocupan” por tres puertas de un estadio, mientras tienen la frontera abierta para que millones de haitianos nos invadan



