Humberto Salazar

Se está celebrando en el país un congreso de «comunicación política», que parece un desfile de candidatos a cargos públicos de la República Dominicana, junto con  una pasarela de personajes preocupados por hacer networking, que un evento académico para profundizar en los evidentes cambios que ha sufrido la forma en que ha cambiado la transmisión de información en el mundo actual.

La modorra y aburrimiento al parecer la rompió ayer, ¿quién sino?, el señor Santiago Matias, presidente del Partido Dominicanos Primero (en formación), quien, en una tanda de preguntas y respuestas, dónde él era el protagonista, se negó a entrar en una discusión con la periodista Julieta Tejada, al esta intentar argumentar desde la militancia política, para lo que suponemos era realizar una pregunta.

El hecho no importa, sino el análisis de lo que está ocurriendo en gran parte del mundo democrático, dónde se supone existe una prensa libre, con la ruptura la intermediación o puente entre los grandes medios de comunicación, desde dónde los políticos tradicionales comunicaban sus mensajes, y los ciudadanos.

Sin dudas, el personaje clave para entender lo que ocurre con el mensaje político y su falta de intermediación, lo es el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien mantiene desde su primera campaña presidencial en el 2016, un enfrentamiento con los grandes diarios de su país, especialmente The New York Times y The Washington Post, más la cadena de noticias CNN, a quienes acusa de difundir noticias falsas (fake news).

Trump mantiene una comunicación permanente y directa con sus electores, parece no interesarle ver su nombre grabado en los medios de siempre, y más que eso, será probablemente el personaje que rompió el cerco que tenían los periodistas profesionales, atrincherados y defendiendo sus intereses en los medios tradicionales.

Con Trump se inaugura el «cuerpo a cuerpo» entre la prensa tradicional y la alternativa, esa que se crea con la suma de opiniones de los ciudadanos para crear las tendencias o «virus» en las redes sociales, dónde con el discurrir de los años parece estar ganando por «goleada» la voluble información digital; que es agresiva, espontánea, inmediata, muchas veces anónima en su creación, pero que es una verdad construida con una mezcla de verdades y medias verdades por cualquier que este dispuesto a publicar lo que piensa.

El uso del termino «fake news» es el «caballo de batalla» de la nueva forma de comunicación política, en si mismo es una denuncia de la manipulación que se supone sufre la información en los medios de comunicación tradicionales, ese «maquillaje» del que se habla desde hace años que se usa para favorecer los intereses de grupos económicos y gobiernos de turno.

Entonces, si esta es la realidad actual, la discusión ayer en el evento celebrado en Santo Domingo no debe sorprender a nadie, lo que ocurrió entre el hoy político Matias y la, como se autodenominó ella misma, comunicadora Tejada, es un ejemplo de cómo un evento donde se habla de comunicación política, surge la nueva forma de interactuar entre dos personajes típicos de esta actividad, el político y la comunicación, en este caso evidentemente sesgada.

Sin entrar en más consideraciones teóricas, creo que deberíamos más que escandalizarnos y tomar partido por Matias o Tejada, deberíamos irnos acostumbrando a estos intercambios, sin embargo, en este pugilato me atrevo darle parte de la razón a ambos, Julieta se presentó de forma ética como miembro de un partido político, mientras Matias uso su derecho a aceptar o no una pregunta.

Al final Julieta, ¿era una pregunta o un argumento? ¡Ay la política nos va a volver locos!